Campaña de En lucha para impulsar las acampadas y extender las ideas anticapitalistas

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jueves, 2 de junio de 2011

Las lecciones de Mayo del 68

Existe una creencia muy extendida de que en las sociedades económicamente avanzadas, donde el capitalismo ha alcanzado un nivel de desarrollo muy elevado, el sistema no puede cambiar. Los acontecimientos que tuvieron lugar en mayo de 1968 en Francia constituyen un ejemplo perfecto de la falsedad de este mito. En cuestión de unas semanas, toda la sociedad francesa se involucró en un proceso que, de haber continuado, podría haber acabado desembocando en una situación realmente revolucionaria.

El alcance del poder que tienen las y los trabajadores para transformar la sociedad va mucho más allá de lo que nos podemos imaginar, como quedó bien patente en las huelgas de Mayo del 68. Los estudiantes pueden jugar un papel clave en el cuestionamiento del orden establecido y, como ocurrió entonces, ser el detonante para el inicio de un proceso de cambio. En un momento de baja intensidad en la lucha de clases, suele ser más fácil tomar contacto con ideas revolucionarias en el ámbito universitario, donde se mantienen más debates sobre el funcionamiento de la sociedad. Esto hace que muchas veces los y las estudiantes vayan por delante en la contestación social. Sin embargo, aquellos que tienen en sus manos la capacidad para acabar con el sistema capitalista son los trabajadores y trabajadoras. El Mayo del 68, los estudiantes jugaron un papel fundamental rompiendo el hielo y poniendo al Gobierno y las bases del capitalismo francés en cuestión. Pero, hasta que no comenzaron las huelgas, el poder político y económico no empezó a verse realmente amenazado.

Otra cuestión clave es cómo, en un contexto de auge de luchas, la ideología y la cultura dominantes rápidamente entran en crisis. Ideas profundamente asentadas en la sociedad empiezan a caerse por su propio peso cuando las contradicciones del capitalismo comienzan a ser destapadas y las bases materiales que las soportaban se convierten en algo a combatir.

Éstos son sólo algunos ejemplos de los elementos positivos que podemos rescatar de Mayo del 68. Sin embargo, la derrota final en la que culminó el ciclo de luchas no habría ocurrido si todo hubiese ido bien. La revuelta también es una muestra muy clara de cómo, en ausencia de una organización revolucionaria bien asentada y con influencia dentro de la clase trabajadora, el reformismo puede tomar el control del movimiento y acabar enmarcándolo dentro de los cauces institucionales.

En el momento clave, cuando De Gaulle amenazó con utilizar todos los medios que tenía disponibles para celebrar unas elecciones y acabar con el movimiento de trabajadores y estudiantes, en las fábricas ocupadas se desarrollaron intensos debates. Los líderes sindicales de la CGT consiguieron convencer a una parte importante de los trabajadores, provocando divisiones entre ellos que culminaron con la vuelta al trabajo de la mayoría. Al tratarse de una minoría los que resistieron, el Gobierno no dudó en utilizar la represión y acabar con la huelga más importante que había tenido lugar en el país, así como con cualquier resquicio de movilización estudiantil. En caso de haber existido una organización cuyos miembros compartiesen una estrategia claramente revolucionaria y tuviesen una presencia suficientemente importante en los centros de trabajo, probablemente las cosas habrían sucedido de otra forma. En el ambiente tan radicalizado que existía, seguramente muchos trabajadores se habrían puesto del lado de las y los revolucionarios. De haber resistido una mayoría de trabajadores a las presiones del Gobierno, éste no habría podido recurrir a la violencia como lo hizo. Como mínimo, los trabajadores habrían logrado obtener mejores resultados.

Fuente: Ana Villaverde en el periódico En Lucha

miércoles, 1 de junio de 2011

Carta de una indignada revolucionaria desde París

Ayer hicimos una concentración pacífica del movimiento Democratie Réelle en Bastille. La cosa fue bien, contamos con unas 1000 personas. Como no cabíamos en la acera frente a la ópera algunos indignados se metieron en la carretera. En ese momento vino la policía y nos rodeó con una serie de furgones para que no perturbáramos el trafico (se supone). Conforme avanzaba el día fueron estrechando el cerco, erigieron una especie de muro de la verguenza con los furgones y nos dejaron completamente aislados del mundo exterior. La gente que habitualmente pasa por la plaza tenía que rodear el perimetro trazado por los furgones, de manera que no accedía ni siquiera a ver lo que estábamos haciendo. Como si nuestro mensaje no fuera con ellos. La disposición de los furgones implicaba además que la gente allí concentrada llevaba a cabo actividades fuertemente peligrosas para el conjunto de la sociedad. La escena era francamente representativa de nuestra sociedad actual: una democracia vigilada y enjaulada dentro de una cárcel de hierro.

A partir de las 18h de la tarde, y pese a que la prefectura nos había dado permiso para ocupar ese espacio hasta las 20h, los policias apostados en las dos salidas de la plaza ya no nos dejaban pasar. Yo había salido un momento porque me estaba deshidratando y al volver con una amiga me denegaron el acceso a la plaza pública y mi participación en la asamblea democrática que se estaba celebrando. Me indigné (más si cabe todavía), les repliqué que con qué derecho porque hasta ahora habíamos seguido SU ley y SUS reglas de juego. Al final otro de los policías le dijo que me dejara pasar, pero me consta que hubo mucha gente interesada que se quedó fuera, además de todos los viandantes desviados que al pasar por la plaza podrían haberse interesado por lo que estabamos haciendo.

En fín, después de las 20h algunos de los organizadores llamaron a disolver la concentración. La Asamblea decidió sin embargo que quien quisiera podía quedarse a acampar. Yo salí fuera del perimetro de seguridad pero me quedé fuera para ver qué sucedía. Estuvimos así bastante rato. Luego los polis retiraron la frontera y los de dentro y fuera nos juntamos. Al final los polis volvieron a mover ficha, subieron a lo alto de las escaleras y empezaron a "evacuar" (eufemismo técnico que aparece hoy en la prensa) la plaza. Nos resistimos, aunque la concentración fue definitivamente disuelta a golpe de gas lacrimógeno y porrazos.



(lo que gritan es "Policía por todos lados, justicia en nigún sitio")

Perdonad el relato detallado, necesitaba compartirlo, estoy muy indignada.

De todas maneras, la indignación y el movimiento aumenta, seguimos con el trabajo de nuestras comisiones y hoy nos reuniremos de nuevo a las 19h en la Bastille. ¡Suerte con vuestra resistencia!

Ainhoa, una indignada revolucionaria en París.

Fuente: En lucha